Del número piloto de The Against Nature Journal, una revista semestral de arte y derechos humanos que explora las leyes del "crimen contra la naturaleza" y sus legados, presentamos cuatro columnas escritas por activistas, escritorxs y académicxs que dan un vistazo a la vida, cultura, luchas y esperanzas de las personas LGBTQI+ en lugares donde regresiones relacionadas con los derechos reproductivos, de orientación sexual e identidad de género aún prevalecen.
Members of the LGBT community demonstrate outside the Hall of Justice in Port-of-Spain, Trinidad and Tobago April 12, 2018. REUTERS/Andrea de Silva
Este artículo fue publicado originalmente en The Against Nature Journal.
Un servicio religioso con cánticos, oración y adoración permite a los creyentes en la fe cristiana tener conversaciones importantes sobre la igualdad. Barbados se promociona como una nación cristiana. Sin embargo, a lo largo de los años, la iglesia sólo ha demostrado miedo, difundido información errónea y ha bloqueado el progreso de la comunidad LGBTQ. Nuestro servicio eclesiástico fue un esfuerzo por sanar y superar esa división. Aquí es donde se logra un progreso real, construyendo puentes.
Por supuesto que los cristianos que creen en la igualdad, la equidad, la justicia y el amor existen: a menudo son ellos los que nos envían notas de ánimo a nuestras bandejas de entrada o nos detienen silenciosamente en la calle. Reconocen que la comunidad LGBTQ necesita ser protegida y no denunciada. También hay personas cristianas-LGBTQ, que al existir dentro de esta intersección esconden con frecuencia sus propias sexualidades, a pesar de ello, nos apoyan desde las sombras. También les aceptamos por vivir sus verdades. Es importante que no sean olvidades.
Como era de esperar, el evento causó un gran revuelo. Los principales líderes religiosos antigay asistieron, escucharon en silencio y discutieron entre ellos, a veces en desacuerdo con la necesidad y relevancia de tal evento e interrumpiendo con opiniones. Sin embargo, el servicio permitió a todos los líderes religiosos que se encontraban en ambos lados del argumento de inclusión LGBTQ, escucharse y compartir escrituras comunes, diferentes experiencias y diversas perspectivas.
Si vamos a abrazar y celebrar la diversidad, debemos ser inclusivos. Como miembro no cristiano de la comunidad LGBTQ es posible que no conozca el resultado directo del diálogo para la comunidad cristiana. Sin embargo, creo que fue un paso en la dirección correcta porque el cambio real comienza con eso: el diálogo.
Las conexiones entre estos eventos también sitúan la complejidad en torno a las perspectivas y derechos con respecto a las identidades de género, las expresiones de género y las características sexuales en la resistencia contra las agendas anti-género. Como se detalla en el informe Derechos en riesgo del Observatorio de la Universalidad de los Derechos en 2017, es importante reconocer cómo tales agendas son promovidas y financiadas por actores seculares y religiosos en varios niveles, y cómo afectan a varios grupos a través de diferentes estrategias. Dado que algunos países implementan medidas de segregación social basadas en el sexo y el género durante la pandemia de Covid-19, es relevante mapear los elementos que impulsan los imaginarios de las sociedades.
Surge una pregunta más profunda: ¿Puede la política trans* permitirnos considerar mejor las injusticias económicas más amplias de las bio-necropolíticas de género? ¿Podría contribuir a un replanteamiento colectivo de las economías hiperproductivas y corruptas de los deportes profesionales y los dispositivos de género de los que dependen?
Cuando un gesto de trato “humanizado” hacia las mujeres trans* y travestis en las cárceles es instrumentalizado por la mafia de Bolsonaro a través de insultos, no se trata únicamente de defender los derechos individuales independientemente de los delitos cometidos, sino de una oportunidad para promover perspectivas críticas sobre los derechos judiciales y el complejo industrial de prisiones, sus funciones cada vez más privatizadas y mediatizadas; un complejo ligado al extractivismo, militarismo y fascismo global extremos que organizan la violencia.
Comparto estos pocos pensamientos con la esperanza de situar las agendas anti-género dentro de los intentos de restablecimiento colonial que operan hoy en Brasil y Abya Yala a través de supremacismos bio-necropolíticos y extractivismos, que en relación a las invisibilidades y exotismos de los datos también cuestionan el papel político de las ciencias. Conectar estos puntos, especialmente en tiempos de pandemia, parece fundamental para nuestra supervivencia y bienestar colectivo.
Muchos consideran que Malasia es una “nación musulmana moderada”, pero ha experimentado un aumento del fundamentalismo islámico desde la década de 1970. La mayoría de los musulmanes creen que la comunidad del Profeta Lot fue condenada por Dios por practicar la homosexualidad, como se describe en el Corán. La sodomía está hoy prohibida en virtud de la sección 377 del Código Penal de Malasia, que fue introducida por primera vez por gobernantes coloniales británicos. El uso más famoso de esta ley fue en 1998 cuando el entonces primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamad, despidió a su adjunto Anwar Ibrahim por acusaciones de sodomía en un intento de destruir su carrera.
Sin embargo, a pesar de los malentendidos populares, el sudeste asiático, incluido el archipiélago malayo, tiene una rica historia de diversidad sexual y de género. La investigadora Sarah Ngu afirma que los gobernantes malayos desde el siglo XV nombraron sidasida en sus palacios. Estes cortesanes andrógines tenían relaciones con ambos sexos y su función era proteger a las mujeres de la corte.
Con respecto a los recientes azotes, el grupo feminista local Sisters in Islam emitió una declaración: “Las enseñanzas del Corán enfatizan el arrepentimiento, el perdón y la transformación personal. Dios perdona y es misericordioso”. Si bien puede que no aprueben la homosexualidad en sí, su declaración es radical. Tales voces progresistas son raras en Malasia porque muchos musulmanes creen que los derechos humanos, el liberalismo y el pluralismo van en contra del Islam. Pueden pasar años, incluso generaciones, para que las personas LGBT de Malasia alcancen sus derechos, pero hay un rayo de esperanza. Por mi parte, espero que a medida que avanza la sociedad malaya, también lo hagan los derechos de nuestra comunidad marginada.
Espero que crezca la credibilidad de NCCI como un FBO amigable con los homosexuales. Simultáneamente, busco mayores matices en su trabajo. Han publicado una cantidad considerable de la literatura para cuestionar la creencia de que la Biblia condena la homosexualidad como un pecado. Sin embargo, algunos de estos textos solo parecen aceptar personas queer supeditadas al matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Qué pasa con las personas solteras queer?
Si es posible una práctica de la religión más amable y más justa, una que supere la adherencia literal a la adivinación bíblica, entonces me viene a la mente un círculo de estudios queer pilotado en 2019 por Bishop’s College, un afiliado de NCCI con sede en Calcuta. El círculo tenía como objetivo facilitar la amistad entre “profesores y estudiantes de teología” y “personas queer”. Tal iniciativa podría abordar mejor la necesidad posterior a la despenalización de un espíritu anti-discriminatorio y llevar a casa el mensaje de que “la homofobia no es cristiana”.
Del número piloto de The Against Nature Journal, una revista semestral de arte y derechos humanos que explora las leyes del "crimen contra la naturaleza" y sus legados, presentamos cuatro columnas escritas por activistas, escritorxs y académicxs que dan un vistazo a la vida, cultura, luchas y esperanzas de las personas LGBTQI+ en lugares donde regresiones relacionadas con los derechos reproductivos, de orientación sexual e identidad de género aún prevalecen.
Members of the LGBT community demonstrate outside the Hall of Justice in Port-of-Spain, Trinidad and Tobago April 12, 2018. REUTERS/Andrea de Silva
Este artículo fue publicado originalmente en The Against Nature Journal.
Un servicio religioso con cánticos, oración y adoración permite a los creyentes en la fe cristiana tener conversaciones importantes sobre la igualdad. Barbados se promociona como una nación cristiana. Sin embargo, a lo largo de los años, la iglesia sólo ha demostrado miedo, difundido información errónea y ha bloqueado el progreso de la comunidad LGBTQ. Nuestro servicio eclesiástico fue un esfuerzo por sanar y superar esa división. Aquí es donde se logra un progreso real, construyendo puentes.
Por supuesto que los cristianos que creen en la igualdad, la equidad, la justicia y el amor existen: a menudo son ellos los que nos envían notas de ánimo a nuestras bandejas de entrada o nos detienen silenciosamente en la calle. Reconocen que la comunidad LGBTQ necesita ser protegida y no denunciada. También hay personas cristianas-LGBTQ, que al existir dentro de esta intersección esconden con frecuencia sus propias sexualidades, a pesar de ello, nos apoyan desde las sombras. También les aceptamos por vivir sus verdades. Es importante que no sean olvidades.
Como era de esperar, el evento causó un gran revuelo. Los principales líderes religiosos antigay asistieron, escucharon en silencio y discutieron entre ellos, a veces en desacuerdo con la necesidad y relevancia de tal evento e interrumpiendo con opiniones. Sin embargo, el servicio permitió a todos los líderes religiosos que se encontraban en ambos lados del argumento de inclusión LGBTQ, escucharse y compartir escrituras comunes, diferentes experiencias y diversas perspectivas.
Si vamos a abrazar y celebrar la diversidad, debemos ser inclusivos. Como miembro no cristiano de la comunidad LGBTQ es posible que no conozca el resultado directo del diálogo para la comunidad cristiana. Sin embargo, creo que fue un paso en la dirección correcta porque el cambio real comienza con eso: el diálogo.
Las conexiones entre estos eventos también sitúan la complejidad en torno a las perspectivas y derechos con respecto a las identidades de género, las expresiones de género y las características sexuales en la resistencia contra las agendas anti-género. Como se detalla en el informe Derechos en riesgo del Observatorio de la Universalidad de los Derechos en 2017, es importante reconocer cómo tales agendas son promovidas y financiadas por actores seculares y religiosos en varios niveles, y cómo afectan a varios grupos a través de diferentes estrategias. Dado que algunos países implementan medidas de segregación social basadas en el sexo y el género durante la pandemia de Covid-19, es relevante mapear los elementos que impulsan los imaginarios de las sociedades.
Surge una pregunta más profunda: ¿Puede la política trans* permitirnos considerar mejor las injusticias económicas más amplias de las bio-necropolíticas de género? ¿Podría contribuir a un replanteamiento colectivo de las economías hiperproductivas y corruptas de los deportes profesionales y los dispositivos de género de los que dependen?
Cuando un gesto de trato “humanizado” hacia las mujeres trans* y travestis en las cárceles es instrumentalizado por la mafia de Bolsonaro a través de insultos, no se trata únicamente de defender los derechos individuales independientemente de los delitos cometidos, sino de una oportunidad para promover perspectivas críticas sobre los derechos judiciales y el complejo industrial de prisiones, sus funciones cada vez más privatizadas y mediatizadas; un complejo ligado al extractivismo, militarismo y fascismo global extremos que organizan la violencia.
Comparto estos pocos pensamientos con la esperanza de situar las agendas anti-género dentro de los intentos de restablecimiento colonial que operan hoy en Brasil y Abya Yala a través de supremacismos bio-necropolíticos y extractivismos, que en relación a las invisibilidades y exotismos de los datos también cuestionan el papel político de las ciencias. Conectar estos puntos, especialmente en tiempos de pandemia, parece fundamental para nuestra supervivencia y bienestar colectivo.
Muchos consideran que Malasia es una “nación musulmana moderada”, pero ha experimentado un aumento del fundamentalismo islámico desde la década de 1970. La mayoría de los musulmanes creen que la comunidad del Profeta Lot fue condenada por Dios por practicar la homosexualidad, como se describe en el Corán. La sodomía está hoy prohibida en virtud de la sección 377 del Código Penal de Malasia, que fue introducida por primera vez por gobernantes coloniales británicos. El uso más famoso de esta ley fue en 1998 cuando el entonces primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamad, despidió a su adjunto Anwar Ibrahim por acusaciones de sodomía en un intento de destruir su carrera.
Sin embargo, a pesar de los malentendidos populares, el sudeste asiático, incluido el archipiélago malayo, tiene una rica historia de diversidad sexual y de género. La investigadora Sarah Ngu afirma que los gobernantes malayos desde el siglo XV nombraron sidasida en sus palacios. Estes cortesanes andrógines tenían relaciones con ambos sexos y su función era proteger a las mujeres de la corte.
Con respecto a los recientes azotes, el grupo feminista local Sisters in Islam emitió una declaración: “Las enseñanzas del Corán enfatizan el arrepentimiento, el perdón y la transformación personal. Dios perdona y es misericordioso”. Si bien puede que no aprueben la homosexualidad en sí, su declaración es radical. Tales voces progresistas son raras en Malasia porque muchos musulmanes creen que los derechos humanos, el liberalismo y el pluralismo van en contra del Islam. Pueden pasar años, incluso generaciones, para que las personas LGBT de Malasia alcancen sus derechos, pero hay un rayo de esperanza. Por mi parte, espero que a medida que avanza la sociedad malaya, también lo hagan los derechos de nuestra comunidad marginada.
Espero que crezca la credibilidad de NCCI como un FBO amigable con los homosexuales. Simultáneamente, busco mayores matices en su trabajo. Han publicado una cantidad considerable de la literatura para cuestionar la creencia de que la Biblia condena la homosexualidad como un pecado. Sin embargo, algunos de estos textos solo parecen aceptar personas queer supeditadas al matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Qué pasa con las personas solteras queer?
Si es posible una práctica de la religión más amable y más justa, una que supere la adherencia literal a la adivinación bíblica, entonces me viene a la mente un círculo de estudios queer pilotado en 2019 por Bishop’s College, un afiliado de NCCI con sede en Calcuta. El círculo tenía como objetivo facilitar la amistad entre “profesores y estudiantes de teología” y “personas queer”. Tal iniciativa podría abordar mejor la necesidad posterior a la despenalización de un espíritu anti-discriminatorio y llevar a casa el mensaje de que “la homofobia no es cristiana”.