La curadora y espiritista Holly Bynoe reflexiona sobre la expansión de Obeah, un sistema de creencias de las comunidades Negras del caribe, y su relación con las mujeres y su herencia ancestral para continuar ejerciendo el cuidado ante el exterminio colonial.
Para Charlotte, Bessie,
audre y todas nuestras abuelas que lucharon en silencio
“Esa es la urgencia: ¡vivir!
y florecer dentro del ruido del torbellino.
Salvar, salvamento en el giro.
Endosar las salpicaduras del esplendor;
estilizar la utilidad defectuosa;
apoyar a une maligne o a una luz que falla
pero sepan que el torbellino es nuestra mancomunidad.”
— Gwendolyn Brooks, The Second Sermon on the Warpland
Con la llegada de una nueva época, el Antropoceno,[5] el escenario es idóneo para el horror, pero la voluntad, la memoria, los dones y la agencia de nuestres antepasades nos brindan la oportunidad de trazar un nuevo curso y un camino hacia la voluntad de vida.[6]
II.
“Ninguna acción en el presente es una acción
planeada con base en a su efecto en el futuro.”
— Jamaica Kincaid, A Small Place
Nuestres ancestres fueron revolucionaries, filósofes, creatives, premios Nobel, activistas, científiques, profesionales y polítiques de talla mundial con lenguas resbaladizas que exigían verdad, justicia, protesta y ecuanimidad durante los albores de nuestra post-colonialidad.[7] Abarcan a les indígenas, médiques de la selva, brujas, abuelas y abuelos desbordades de conocimiento e historia, magos y magas, sabies, alquimistas, etnobotániques, curanderos y curanderas haciendo medicinas desde la tierra para ayudar a sus comunidades a sanar. Otres fabrican medicinas para sabotear el funcionamiento interno de la plantación y sus doctrinas de supremacía blanca, racismo, violencia y opresión.
En su vitalidad mercurial, Obeah nos provee de magia ritualística alrededor de la re-negociación del cuidado. Nos provee con herramientas de visualización y disciplina para ver más allá de los restos del imperio, y nos ayuda a visualizar los daños de la dominación occidental y la indoctrinación.
Su tecnología otorga acceso a las energías femeninas sagradas de la Madre Tierra, y es una herramienta para sanar traumas generacionales y, particularmente, coloniales. Uno de los aspectos más importantes de Obeah es el reconocimiento de nuestres ancestres y su veneración. Otro hecho es que, en ocasiones, puede ser tan grande e indefinible que podría ser cualquier cosa que involucra al espíritu y el fenómeno supernatural. Sin embargo, ancla al ser dentro del linaje de las energías ancestrales, energías intangibles, poderosas si une cree en ellas.
Todo campo medicinal con botánica salvaje, cada elixir, poción y mezcla o frote terroso, contenía esa energía y la de todas las abuelas anteriores a ello. A pesar de que las tierras fueron arrasadas, divididas y controladas, la experiencia de la medicina vive en la sangre; en la memoria de nuestros seres. Es aquí donde Obeah, si bien abstracta, se vuelve real. A pesar de siglos de violencia, extractivismo y agotamiento, la Gran Madre es toda poderosa y capaz de sanarse a sí misma a través de la voluntad divina y la comunicación que continúa la proliferación de las medicinas y la sanación.
Las abuelas tienen acceso a este poder regenerativo, y lo han ejercido durante siglos para sobrevivir y prosperar. Mujeres artistas ejercen este poder para traer a la vida a las abuelas del pasado, de las cuales algunas han cruzado la tumba líquida en suspensión, bajo la presión del peso de la historia, sin capacidad de respirar. No obstante, aún están presentes en sus restos de arcilla apilada; sus huesos y la evidencia medular de la supervivencia y la hechicería. Sus vientres son lugares de negociación, razón por la cual Obeah se volvió un agente en la construcción colonial del género que posicionó a la mujer dentro de un sistema en evolución de control biopolítico señalando específicamente a las madres Negras.[13] Ante ello, es importante destacar que Obeah dio oportunidad a las mujeres esclavas de controlar sus capacidades reproductivas utilizando sus conocimientos dentro de las tradiciones africanas, por tanto, dándoles poder de resistir el robo de la labor reproductiva de la mujer alrededor de la productividad en la plantación.
III.
“Les seres humanes son mágiques. Bios y Logos. Palabras hechas carne, músculo y hueso animados por la esperanza y el deseo, creencias materializadas en andanzas; andanzas que cristalizan la actualidad. Los mapas de la primavera siempre deben dibujarse de nuevo en formas aún por explorar”. — Sylvia Wynter.
Hoy, la medicina continúa prosperando a pesar de la bioprospección, y a través de la guerra contra el colapso climático,[17] donde observamos la ingestión y la recuperación de territorios y herencias de tierras bajas por el mar. Las vulnerabilidades de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo se exponen ante un escenario global,[18] y la lucha para asegurar la medicina ocurre en paralelo al advenimiento de los mercados de créditos de carbono[19] en tiempos donde la pérdida de biodiversidad se encuentra en ascenso.[20] Nos adentramos en lo que la teorista Joanna Zylinska llama un momento con un trasfondo mesiánico-apocalíptico y ambiciones masculinistas-solucionistas,[21] un rasgo evolutivo y una táctica colonial habitual.
Las mujeres —o cualquier cuerpo feminizado por dicha táctica colonial— siempre han logrado percatarse de dichas maniobras, y han utilizado su divina intuición y misterio femenino cuando llegan nuevas legislaciones que afectan a familias, cuerpos políticos y libertades.
Las mujeres arman y planean estrategias en contra de la embestida usando el segundo sentido, la especulación y el instinto maternal. Este segundo sentido no es sospechoso, ya que implica escuchar las partes “tranquilas” de la vida; es experiencial, personal y colectivo. Llega a advertirnos a través de la intuición, en los brazos del Espíritu, a través del amor de la Hermandad.
La malevolencia al intentar colonizar a la naturaleza es algo con lo que vivimos. Lo vimos en la erudita fortaleza de la plantación y su actual ruina, lo vemos ocurriendo de nuevo en el nacimiento del resort all-inclusive a través de la industria de la vía unísona de turismo, y a través de la pausa prolongada con barcos fantasmas que arrojan veneno en los horizontes de nuestro archipiélago, convirtiéndolos en hogares emocionalmente frágiles para les ciudadanes caribeñes durante la pandemia.
Las medicinas aprendidas de nuestres ancestres mediante el sistema de Obeah, nos muestran un arsenal nuevo e intangible y nos proveen con una cartografía con nuevas propiedades, líneas de conocimiento y fuerzas de vida: soñamos tradiciones y rituales, imaginados y recuperados.
Sugiero que la disciplina de conocimiento dentro de Obeah podría ayudarnos a eludir este territorio oscuro que es análogo a encender nuestro espacio de sueño colectivo y a envisionar las tecnologías espirituales que prosperaron durante los pasajes acuáticos a través del Atlántico Negro, y la sensibilidad que se mueve a través de los cementerios por los que forjamos pasajes a diario.
Se retuercen, inventando nuevas palabras y mitologías, y elevándose más allá de la ilusión para adentrarse en lugares previamente malevolentes. Infectan a las instituciones, haciéndolas enfermar con la promesa de diversidad, equidad racial y justicia social. Estiran costuras con provocaciones alrededor de Black Lives Matter y utilizan su imaginación para configurar alternativas futuras donde los espacios corporales e imaginativos se alinean. Estas estrategias pueden compararse y trazarse paralelamente con Obeah.
El ritual de curación vía plantas medicinales, adivinación y al estar al servicio del Espíritu y les ancestres, ha forjado plataformas alternativas y caminos que resisten la exhaustividad energética y la extorsión a la que se enfrenta la región. No es sorpresa que, después de siglos de colonización y tras décadas de negligencia y corrupción gubernamental, hayamos desarrollado resistencias fenomenológicas para nuestra supervivencia.
Crecí en Bequia, la isla granadina más grande perteneciente a San Vicente y las Granadinas. La famosa feminista, mujerista, madre, maga de las palabras y elegía, activista de los derechos civiles, Audre Lorde, vino de Carriacou, una isla de las Granadinas perteneciente a Granada, a unas 40 millas al sur de Bequia. Su padre, oriundo de Barbados, a 114 millas al este, emigró a Nueva York en 1924 en el apogeo del siglo cuando les Afrocaribeñes abandonaron la región en masa.[24]
La práctica de la abuela Audre era chamánica y profética. Como una ancestra que nos cuida, sé que en algún lugar, de alguna manera, está creando palabras de afirmación para profundizar nuestra supervivencia, bálsamo para cuidar de nuestros corazones gastados y para invocar la tenacidad y la esencia de la resistencia.
La curadora y espiritista Holly Bynoe reflexiona sobre la expansión de Obeah, un sistema de creencias de las comunidades Negras del caribe, y su relación con las mujeres y su herencia ancestral para continuar ejerciendo el cuidado ante el exterminio colonial.
Para Charlotte, Bessie,
audre y todas nuestras abuelas que lucharon en silencio
“Esa es la urgencia: ¡vivir!
y florecer dentro del ruido del torbellino.
Salvar, salvamento en el giro.
Endosar las salpicaduras del esplendor;
estilizar la utilidad defectuosa;
apoyar a une maligne o a una luz que falla
pero sepan que el torbellino es nuestra mancomunidad.”
— Gwendolyn Brooks, The Second Sermon on the Warpland
Con la llegada de una nueva época, el Antropoceno,[5] el escenario es idóneo para el horror, pero la voluntad, la memoria, los dones y la agencia de nuestres antepasades nos brindan la oportunidad de trazar un nuevo curso y un camino hacia la voluntad de vida.[6]
II.
“Ninguna acción en el presente es una acción
planeada con base en a su efecto en el futuro.”
— Jamaica Kincaid, A Small Place
Nuestres ancestres fueron revolucionaries, filósofes, creatives, premios Nobel, activistas, científiques, profesionales y polítiques de talla mundial con lenguas resbaladizas que exigían verdad, justicia, protesta y ecuanimidad durante los albores de nuestra post-colonialidad.[7] Abarcan a les indígenas, médiques de la selva, brujas, abuelas y abuelos desbordades de conocimiento e historia, magos y magas, sabies, alquimistas, etnobotániques, curanderos y curanderas haciendo medicinas desde la tierra para ayudar a sus comunidades a sanar. Otres fabrican medicinas para sabotear el funcionamiento interno de la plantación y sus doctrinas de supremacía blanca, racismo, violencia y opresión.
En su vitalidad mercurial, Obeah nos provee de magia ritualística alrededor de la re-negociación del cuidado. Nos provee con herramientas de visualización y disciplina para ver más allá de los restos del imperio, y nos ayuda a visualizar los daños de la dominación occidental y la indoctrinación.
Su tecnología otorga acceso a las energías femeninas sagradas de la Madre Tierra, y es una herramienta para sanar traumas generacionales y, particularmente, coloniales. Uno de los aspectos más importantes de Obeah es el reconocimiento de nuestres ancestres y su veneración. Otro hecho es que, en ocasiones, puede ser tan grande e indefinible que podría ser cualquier cosa que involucra al espíritu y el fenómeno supernatural. Sin embargo, ancla al ser dentro del linaje de las energías ancestrales, energías intangibles, poderosas si une cree en ellas.
Todo campo medicinal con botánica salvaje, cada elixir, poción y mezcla o frote terroso, contenía esa energía y la de todas las abuelas anteriores a ello. A pesar de que las tierras fueron arrasadas, divididas y controladas, la experiencia de la medicina vive en la sangre; en la memoria de nuestros seres. Es aquí donde Obeah, si bien abstracta, se vuelve real. A pesar de siglos de violencia, extractivismo y agotamiento, la Gran Madre es toda poderosa y capaz de sanarse a sí misma a través de la voluntad divina y la comunicación que continúa la proliferación de las medicinas y la sanación.
Las abuelas tienen acceso a este poder regenerativo, y lo han ejercido durante siglos para sobrevivir y prosperar. Mujeres artistas ejercen este poder para traer a la vida a las abuelas del pasado, de las cuales algunas han cruzado la tumba líquida en suspensión, bajo la presión del peso de la historia, sin capacidad de respirar. No obstante, aún están presentes en sus restos de arcilla apilada; sus huesos y la evidencia medular de la supervivencia y la hechicería. Sus vientres son lugares de negociación, razón por la cual Obeah se volvió un agente en la construcción colonial del género que posicionó a la mujer dentro de un sistema en evolución de control biopolítico señalando específicamente a las madres Negras.[13] Ante ello, es importante destacar que Obeah dio oportunidad a las mujeres esclavas de controlar sus capacidades reproductivas utilizando sus conocimientos dentro de las tradiciones africanas, por tanto, dándoles poder de resistir el robo de la labor reproductiva de la mujer alrededor de la productividad en la plantación.
III.
“Les seres humanes son mágiques. Bios y Logos. Palabras hechas carne, músculo y hueso animados por la esperanza y el deseo, creencias materializadas en andanzas; andanzas que cristalizan la actualidad. Los mapas de la primavera siempre deben dibujarse de nuevo en formas aún por explorar”. — Sylvia Wynter.
Hoy, la medicina continúa prosperando a pesar de la bioprospección, y a través de la guerra contra el colapso climático,[17] donde observamos la ingestión y la recuperación de territorios y herencias de tierras bajas por el mar. Las vulnerabilidades de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo se exponen ante un escenario global,[18] y la lucha para asegurar la medicina ocurre en paralelo al advenimiento de los mercados de créditos de carbono[19] en tiempos donde la pérdida de biodiversidad se encuentra en ascenso.[20] Nos adentramos en lo que la teorista Joanna Zylinska llama un momento con un trasfondo mesiánico-apocalíptico y ambiciones masculinistas-solucionistas,[21] un rasgo evolutivo y una táctica colonial habitual.
Las mujeres —o cualquier cuerpo feminizado por dicha táctica colonial— siempre han logrado percatarse de dichas maniobras, y han utilizado su divina intuición y misterio femenino cuando llegan nuevas legislaciones que afectan a familias, cuerpos políticos y libertades.
Las mujeres arman y planean estrategias en contra de la embestida usando el segundo sentido, la especulación y el instinto maternal. Este segundo sentido no es sospechoso, ya que implica escuchar las partes “tranquilas” de la vida; es experiencial, personal y colectivo. Llega a advertirnos a través de la intuición, en los brazos del Espíritu, a través del amor de la Hermandad.
La malevolencia al intentar colonizar a la naturaleza es algo con lo que vivimos. Lo vimos en la erudita fortaleza de la plantación y su actual ruina, lo vemos ocurriendo de nuevo en el nacimiento del resort all-inclusive a través de la industria de la vía unísona de turismo, y a través de la pausa prolongada con barcos fantasmas que arrojan veneno en los horizontes de nuestro archipiélago, convirtiéndolos en hogares emocionalmente frágiles para les ciudadanes caribeñes durante la pandemia.
Las medicinas aprendidas de nuestres ancestres mediante el sistema de Obeah, nos muestran un arsenal nuevo e intangible y nos proveen con una cartografía con nuevas propiedades, líneas de conocimiento y fuerzas de vida: soñamos tradiciones y rituales, imaginados y recuperados.
Sugiero que la disciplina de conocimiento dentro de Obeah podría ayudarnos a eludir este territorio oscuro que es análogo a encender nuestro espacio de sueño colectivo y a envisionar las tecnologías espirituales que prosperaron durante los pasajes acuáticos a través del Atlántico Negro, y la sensibilidad que se mueve a través de los cementerios por los que forjamos pasajes a diario.
Se retuercen, inventando nuevas palabras y mitologías, y elevándose más allá de la ilusión para adentrarse en lugares previamente malevolentes. Infectan a las instituciones, haciéndolas enfermar con la promesa de diversidad, equidad racial y justicia social. Estiran costuras con provocaciones alrededor de Black Lives Matter y utilizan su imaginación para configurar alternativas futuras donde los espacios corporales e imaginativos se alinean. Estas estrategias pueden compararse y trazarse paralelamente con Obeah.
El ritual de curación vía plantas medicinales, adivinación y al estar al servicio del Espíritu y les ancestres, ha forjado plataformas alternativas y caminos que resisten la exhaustividad energética y la extorsión a la que se enfrenta la región. No es sorpresa que, después de siglos de colonización y tras décadas de negligencia y corrupción gubernamental, hayamos desarrollado resistencias fenomenológicas para nuestra supervivencia.
Crecí en Bequia, la isla granadina más grande perteneciente a San Vicente y las Granadinas. La famosa feminista, mujerista, madre, maga de las palabras y elegía, activista de los derechos civiles, Audre Lorde, vino de Carriacou, una isla de las Granadinas perteneciente a Granada, a unas 40 millas al sur de Bequia. Su padre, oriundo de Barbados, a 114 millas al este, emigró a Nueva York en 1924 en el apogeo del siglo cuando les Afrocaribeñes abandonaron la región en masa.[24]
La práctica de la abuela Audre era chamánica y profética. Como una ancestra que nos cuida, sé que en algún lugar, de alguna manera, está creando palabras de afirmación para profundizar nuestra supervivencia, bálsamo para cuidar de nuestros corazones gastados y para invocar la tenacidad y la esencia de la resistencia.