A través de un llamado a reconocernos en un espacio no-binario a partir de nuestro ano en movimiento, la artista Jenny Granado, a.k.a. Maldita Geni Thalia, interpela la negación actual del fin de un mundo para profundizar sobre el impulso vital que yace en el cuidado recíproco y la auto-defensa.
ABRÁZAME QUE EL TIEMPO PASA Y ESE NO SE DETIENE
— Juan Gabriel, Abrázame muy fuerte
Are you really gonna stand there staring at me?
— Abra, Fruit
Podcast Instinto Perreo para acompañar la lectura y dejar sonando luego que termine.
Abro Twitt*r y sudo, Instagr*m y F*cebook, sudo, y así con cada red social, las noticias o los convertidores online de divisas. Me siento quebrada. Me preocupa mi familia, mi salud, mi economía, mi vida afectiva y sexual. La única manera que he encontrado para atravesar esa angustia es respirar profundo y estar en el presente. Si pienso demasiado me hundo antes que la canoa.
¿Acaso estamos respirando el sudor que provoca la fiebre de la Tierra? ¿Será que nuestra visión ya está empañada de tanto sudar?
En las primeras décadas del siglo pasado, el adjetivo de “mal olor” fue utilizado como término peyorativo por la población blanca estadounidense como parte de una narrativa y sus conductas racistas contra la comunidad afrodescendiente. No es casualidad que el movimiento musical Funk —que a su vez tiene herencia del Jazz, del Blues, del Gospel y de las tradiciones africanas— se haya apropiado de dicha injuria como una manera de protestar y preservar el valor de sus raíces, mismas que contienen la posibilidad de fuerza, de reconocimiento y de reconciliación.
Estoy cansada de pensar.
Pienso demasiado y no tengo las respuestas correctas,
y también estoy exhausta de que esperen que las dé.
No hay más oráculo que la intuición,
la cual me ha costado golpes.
Escribir sobre algo que va más allá de mi posibilidad de explicación,
me tensiona el nervio vago,
me corta la garganta.
Hablo de esto porque no puedo perder la oportunidad de no quedarme callada.
Tigná Santana hace una pregunta que me parece sumamente poderosa: “¿Qué plataformas son instauradas para que la vida se dé? Al mismo tiempo, ¿qué plataformas son instauradas para la vida que se da?”
Este mundo que llega a su fin es un macho. Un macho que habita dentro de mí, que me frena cuando quiero llorar. Quiero llorar más. ¿Qué masculinización hegemónica compulsoria de los sentimientos fue y es la que educó a mi familia consanguínea y, ella, a mí? Mi herencia. “Sé fuerte, sé una mujer fuerte”.
Ser fuerte cansa, ¿sabes?
También quiero que me cuiden.
Quiero tiempo para descansar, para gozar.
Me enferma que gran parte de mi trabajo artístico existe porque como sociedad estamos dándonos un balazo en el pie. Como individuos, estamos ahogándonos. Mi fiebre aumenta al pensar que necesito construir una estabilidad económica o emocional, al mismo tiempo que no creo en el escalamiento acumulativo ni en un camino seguro. No existe camino seguro sin extractivismo ni acumulación. No creo en la seguridad, creo en la confianza. De la seguridad se encarga la policía y mira cómo funciona. Me enferma que mi feminidad pueda costarme la vida. Me enferma que quieran emblanquecer mi trabajo para que pueda ser asimilado. Pero me hace más daño quedarme callada con miedos que no son míos. Ya no tengo miedo de dar respuestas erradas y quedarme sin trabajo, si ya ni hay trabajo; hace mucho que tengo que inventar un lugar para mí misma. Estoy respirando el sudor, concentrada en mi presente, aprendiendo a elegir mis batallas.
Cómo dice Musa Matiuzzi, increíble artista y amiga: “Ya no puedo hablar con quien no entendió que el mundo ya se acabó”.
No puedo hablar con quienes no entienden de qué fin del mundo hablo. De los sistemas del mundo que se están cayendo de los cuales no necesitamos buscar más su validación, buscar dar respuestas correctas que compacten con un catálogo de preguntas equivocadas y antropocéntricas, hechas desde la promesa del progreso para un futuro que se quedó atrás. Un futuro aséptico, diseñado desde un blanco que ciega. Tal vez el pasado está delante de nosotres una vez más. Tal vez sea un tiempo en que podemos ver con los ojos cerrados.
Ver a través de la oscuridad.
A través de lo empañado.
El pasado ya no lo van a colonizar.
Como diría el extraterrestre Bilú: busquen conocimiento.
INTRODUCIÓN/LUBRICACIÓN
Si todavía vivimos sin reconocernos a nosotres mismes o sin saber de dónde venimos o por cuáles territorios nos movemos, entonces, ¿cómo es posible reconocer a les demás? ¿Respetar la soberanía de los pueblos indígenas? ¿Entender dónde termina el límite de le otre y empieza el mío?
Reconocer. No descubrir. Reconocer.
Toma tu tiempo para calmar tu respiración inhalando profundo por la nariz y exhalando lento por la boca.
Acomoda el sacro.
¿De qué lado pasa el tiempo? ¿Hay algún lado? ¿Es para adelante, para atrás, de abajo para arriba, en transversal, en espiral? ¿Perreándole duro? ¿Cómo el tiempo perrea mi cuerpo?
No estoy hablando de dios, estoy hablando de construcciones históricas, con “s” al final de cada una de ellas. Qué historiaS, sucesoS, tragediaS y sueñoS me permitieron ocupar y permanecer en ese espacio. ¿Cuánto de eso se queda en mis vísceras? Trauma. ¿Y esas historias que me contaron están en algún costado del tiempo? ¿De qué lado estoy? ¿Estoy del lado que me asignaron estar, estoy cis, estoy trans? ¿Cómo se practica un espacio? ¿Cómo se practica un espacio no binario?
Acompañamiento Textual: Aranza Cortés Karam
Corrección de estilo: Fuego Andrea
A través de un llamado a reconocernos en un espacio no-binario a partir de nuestro ano en movimiento, la artista Jenny Granado, a.k.a. Maldita Geni Thalia, interpela la negación actual del fin de un mundo para profundizar sobre el impulso vital que yace en el cuidado recíproco y la auto-defensa.
ABRÁZAME QUE EL TIEMPO PASA Y ESE NO SE DETIENE
— Juan Gabriel, Abrázame muy fuerte
Are you really gonna stand there staring at me?
— Abra, Fruit
Podcast Instinto Perreo para acompañar la lectura y dejar sonando luego que termine.
Abro Twitt*r y sudo, Instagr*m y F*cebook, sudo, y así con cada red social, las noticias o los convertidores online de divisas. Me siento quebrada. Me preocupa mi familia, mi salud, mi economía, mi vida afectiva y sexual. La única manera que he encontrado para atravesar esa angustia es respirar profundo y estar en el presente. Si pienso demasiado me hundo antes que la canoa.
¿Acaso estamos respirando el sudor que provoca la fiebre de la Tierra? ¿Será que nuestra visión ya está empañada de tanto sudar?
En las primeras décadas del siglo pasado, el adjetivo de “mal olor” fue utilizado como término peyorativo por la población blanca estadounidense como parte de una narrativa y sus conductas racistas contra la comunidad afrodescendiente. No es casualidad que el movimiento musical Funk —que a su vez tiene herencia del Jazz, del Blues, del Gospel y de las tradiciones africanas— se haya apropiado de dicha injuria como una manera de protestar y preservar el valor de sus raíces, mismas que contienen la posibilidad de fuerza, de reconocimiento y de reconciliación.
Estoy cansada de pensar.
Pienso demasiado y no tengo las respuestas correctas,
y también estoy exhausta de que esperen que las dé.
No hay más oráculo que la intuición,
la cual me ha costado golpes.
Escribir sobre algo que va más allá de mi posibilidad de explicación,
me tensiona el nervio vago,
me corta la garganta.
Hablo de esto porque no puedo perder la oportunidad de no quedarme callada.
Tigná Santana hace una pregunta que me parece sumamente poderosa: “¿Qué plataformas son instauradas para que la vida se dé? Al mismo tiempo, ¿qué plataformas son instauradas para la vida que se da?”
Este mundo que llega a su fin es un macho. Un macho que habita dentro de mí, que me frena cuando quiero llorar. Quiero llorar más. ¿Qué masculinización hegemónica compulsoria de los sentimientos fue y es la que educó a mi familia consanguínea y, ella, a mí? Mi herencia. “Sé fuerte, sé una mujer fuerte”.
Ser fuerte cansa, ¿sabes?
También quiero que me cuiden.
Quiero tiempo para descansar, para gozar.
Me enferma que gran parte de mi trabajo artístico existe porque como sociedad estamos dándonos un balazo en el pie. Como individuos, estamos ahogándonos. Mi fiebre aumenta al pensar que necesito construir una estabilidad económica o emocional, al mismo tiempo que no creo en el escalamiento acumulativo ni en un camino seguro. No existe camino seguro sin extractivismo ni acumulación. No creo en la seguridad, creo en la confianza. De la seguridad se encarga la policía y mira cómo funciona. Me enferma que mi feminidad pueda costarme la vida. Me enferma que quieran emblanquecer mi trabajo para que pueda ser asimilado. Pero me hace más daño quedarme callada con miedos que no son míos. Ya no tengo miedo de dar respuestas erradas y quedarme sin trabajo, si ya ni hay trabajo; hace mucho que tengo que inventar un lugar para mí misma. Estoy respirando el sudor, concentrada en mi presente, aprendiendo a elegir mis batallas.
Cómo dice Musa Matiuzzi, increíble artista y amiga: “Ya no puedo hablar con quien no entendió que el mundo ya se acabó”.
No puedo hablar con quienes no entienden de qué fin del mundo hablo. De los sistemas del mundo que se están cayendo de los cuales no necesitamos buscar más su validación, buscar dar respuestas correctas que compacten con un catálogo de preguntas equivocadas y antropocéntricas, hechas desde la promesa del progreso para un futuro que se quedó atrás. Un futuro aséptico, diseñado desde un blanco que ciega. Tal vez el pasado está delante de nosotres una vez más. Tal vez sea un tiempo en que podemos ver con los ojos cerrados.
Ver a través de la oscuridad.
A través de lo empañado.
El pasado ya no lo van a colonizar.
Como diría el extraterrestre Bilú: busquen conocimiento.
INTRODUCIÓN/LUBRICACIÓN
Si todavía vivimos sin reconocernos a nosotres mismes o sin saber de dónde venimos o por cuáles territorios nos movemos, entonces, ¿cómo es posible reconocer a les demás? ¿Respetar la soberanía de los pueblos indígenas? ¿Entender dónde termina el límite de le otre y empieza el mío?
Reconocer. No descubrir. Reconocer.
Toma tu tiempo para calmar tu respiración inhalando profundo por la nariz y exhalando lento por la boca.
Acomoda el sacro.
¿De qué lado pasa el tiempo? ¿Hay algún lado? ¿Es para adelante, para atrás, de abajo para arriba, en transversal, en espiral? ¿Perreándole duro? ¿Cómo el tiempo perrea mi cuerpo?
No estoy hablando de dios, estoy hablando de construcciones históricas, con “s” al final de cada una de ellas. Qué historiaS, sucesoS, tragediaS y sueñoS me permitieron ocupar y permanecer en ese espacio. ¿Cuánto de eso se queda en mis vísceras? Trauma. ¿Y esas historias que me contaron están en algún costado del tiempo? ¿De qué lado estoy? ¿Estoy del lado que me asignaron estar, estoy cis, estoy trans? ¿Cómo se practica un espacio? ¿Cómo se practica un espacio no binario?
Acompañamiento Textual: Aranza Cortés Karam
Corrección de estilo: Fuego Andrea