Los artistas Isaac Olvera y Víctor del Moral conversan con Diego del Valle Ríos sobre las potencias de dislocar las certezas dadas por el lenguaje. Si es en la palabra y en el texto donde residen los constructos de un sistema que niega la posibilidad de la otredad, ¿qué queda al cuerpo para subvertir los lenguajes que le organizan?
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Podríamos decir que a través del performance todo cuerpo es un poema. En el campo del lenguaje, la poesía posibilita devenires que dislocan límites y certezas del sentido alrededor de la escritura. En esas fracturas, cabe la posibilidad de que el mundo se revele más allá del automatismo de las palabras que lo enuncian y lo hacen cuerpo(s).
A través de la poesía, tanto el trabajo de Isaac Olvera como el de Víctor del Moral transitan entre la escritura y la oralidad. Aunque muy distintas, sus prácticas recurren al performance como posibilidad de recorporalización del lenguaje para el desbordamiento de los límites que lo organizan física y formalmente. En una búsqueda por familiarizarse con los bordes, exploran los límites de lo escultórico, lenguaje artístico que es en sí mismo contrariedad: un cuerpo sin órganos pero con organización. ¿Puede el performance ser la cosquilla de lo que puede un cuerpo estéticamente organizado?
Isaac caligrafía cuerpos a través de la construcción de narrativas que devienen de su transitar —tanto en los bordes del espacio público como en los de la dimensión espiritista—, narrativas que corporaliza desde la poesía para dislocar la certeza del lenguaje cuando a representar confiere. Por su parte, a Víctor la poesía le permite deformar y dislocar la palabra escrita y sus elementos —las letras, su fonética, sus reglas gramaticales, su devenir escultórico y su linealidad—, para encarnarla desde la oralidad, el borde del órgano que se desprende del cuerpo a través de la voz, rehabitando de esta forma el lenguaje desde lo visceral.
Para mí per-formar tiene mucho que ver con el error. Habitar el error es reconocerse vulnerable. En la presencia hay ridículo, y en el ridículo se revela la torpeza del cuerpo vivo y la palabra accidentada.
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Diego Del Valle Ríos es editor en jefe de la revista Terremoto y miembro del Círculo Permanente de Estudios Independientes (CIPEI) Menos Foucault Más Shakira.
Issac Olvera (Zacatlán MX, 1982) Artista visual y dramaturgo. Su práctica se centra en el cruce de la escultura con el performance, a través de la escritura como herramienta social. Egresado de Goldsmiths College (2011) y residente en Gasworks (2014).
Víctor del Moral (1987) Artista textual y coreógrafo de la palabra. Su trabajo explora la identidad como una constante negociación entre lenguaje y paisaje. Ha sido beneficiario en dos ocasiones por el programa de Jóvenes Creadores FONCA; residente de La Fabrique des images en Aix, Provence, Francia (2014); y Premio artista emergente por la Cisneros Fontanal Foundation, CIFO (2018).
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[3] Las lecto-esculturas son esculturas que integran el acto de lectura/ escritura como parte fundamental de su estructura; esto se da a partir de mecanismos performáticos que usan la palabra (escrita o hablada) como vehículo que ofrece al espectador tener una relación física y tangible más allá del texto. Se desdibuja, así, la noción de lectura convencional y al mismo tiempo desplaza del pedestal aquella idea “fija” de escultura. La fusión de verbo y sustantivo reside en el mismo cuerpo de la palabra. Es un término que siempre está mutando, que se auto-edita y se mueve, por eso podría decirse que más que un término, es un iniciando; un término que no termina.
[5] Participación en Jornadas de poesía administrativa de Vicente Razo en Entre utopía y desencanto, curada por Sofía Olascoaga.
[6] La idea de un “escenario social” se relaciona a los ciclos de la cultura: después de haberte acostumbrado a un estado de las cosas. La asfixia de dicha situación estalla en un evento, parafraseando a Alain Badiou cuando narra el nacimiento de las revoluciones. En ese sentido, un “escenario social” es un proyecto de carácter temporal y espacial, que inicia con un momento teatral para crear las condiciones que permitan al público comprender lo que sucede, habituarse a la situación; y, por ende, que se creen ciertas reglas o lenguajes que posteriormente se rompen con el paso al performance, a un evento en que nada de lo anterior permite comprender sus lógicas, pero le dan sentido. Bajo este formato, el cuerpo del público y el del performer adquieren un peso significativo como volumen en el espacio.
[7] Como parte de las reanimaciones de Natasha, en cenas, bares y museos, en alguna ocasión terminamos festejando de madrugada en la casa de una de sus amistades, en una colonia estigmatizada socialmente. En otra ocasión, mi cuerpo no resistió el peso del suyo y se durmieron mis muñecas durante varios meses.
[8] “Los hombres de mi edad en la aplicación de citas se ven como entre adultos y jóvenes, empresarios y oficinistas, viajeros maduros, padres, sujetos conservadores, más bien establecidos que con ganas por el cambio. La filosofía marginal, la que nadie quiere en Cambridge ni en Oxford, hace pedacitos al verbo ser. Ni yo, ni soy. «Ah, un hombre de 36 años, con buenos signos vitales… Déjeme adivinar, viene por una enfermedad venérea…»” (8 de mayo, 2017).
“Después de la lectura performática en la librería, Lhlhlhlh me invitó a su casa. Lhlhlhlh y Lhlhlhlh también vinieron. Sí, Lhlhlhlh del mismo colegio donde estudié, quien vino a mostrar su trabajo al museo Lhlhlhlh. Sus dedos, actitud, comentarios y maquillaje (—————— —). En español, como en cualquier idioma, adivinas la proveniencia de la persona por su acento. Demasiada perfección a mi alrededor hacía que me quisiera ir.” (5 de abril, 2015).
[9] El mayor depredador
Un animal
El humano,
Ya ahora
El mayor consumidor
Un animal
El humano
Que mano tan humo
Tan poco clara
Y poco definida
Una mano que mata
Una mano que se estira para recibir
Manos charolas
Manos pistola
Manos ambiguas
Manos taradas
Sofisticadísimas
Los artistas Isaac Olvera y Víctor del Moral conversan con Diego del Valle Ríos sobre las potencias de dislocar las certezas dadas por el lenguaje. Si es en la palabra y en el texto donde residen los constructos de un sistema que niega la posibilidad de la otredad, ¿qué queda al cuerpo para subvertir los lenguajes que le organizan?
Podríamos decir que a través del performance todo cuerpo es un poema. En el campo del lenguaje, la poesía posibilita devenires que dislocan límites y certezas del sentido alrededor de la escritura. En esas fracturas, cabe la posibilidad de que el mundo se revele más allá del automatismo de las palabras que lo enuncian y lo hacen cuerpo(s).
A través de la poesía, tanto el trabajo de Isaac Olvera como el de Víctor del Moral transitan entre la escritura y la oralidad. Aunque muy distintas, sus prácticas recurren al performance como posibilidad de recorporalización del lenguaje para el desbordamiento de los límites que lo organizan física y formalmente. En una búsqueda por familiarizarse con los bordes, exploran los límites de lo escultórico, lenguaje artístico que es en sí mismo contrariedad: un cuerpo sin órganos pero con organización. ¿Puede el performance ser la cosquilla de lo que puede un cuerpo estéticamente organizado?
Isaac caligrafía cuerpos a través de la construcción de narrativas que devienen de su transitar —tanto en los bordes del espacio público como en los de la dimensión espiritista—, narrativas que corporaliza desde la poesía para dislocar la certeza del lenguaje cuando a representar confiere. Por su parte, a Víctor la poesía le permite deformar y dislocar la palabra escrita y sus elementos —las letras, su fonética, sus reglas gramaticales, su devenir escultórico y su linealidad—, para encarnarla desde la oralidad, el borde del órgano que se desprende del cuerpo a través de la voz, rehabitando de esta forma el lenguaje desde lo visceral.
Para mí per-formar tiene mucho que ver con el error. Habitar el error es reconocerse vulnerable. En la presencia hay ridículo, y en el ridículo se revela la torpeza del cuerpo vivo y la palabra accidentada.
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Diego Del Valle Ríos es editor en jefe de la revista Terremoto y miembro del Círculo Permanente de Estudios Independientes (CIPEI) Menos Foucault Más Shakira.
Issac Olvera (Zacatlán MX, 1982) Artista visual y dramaturgo. Su práctica se centra en el cruce de la escultura con el performance, a través de la escritura como herramienta social. Egresado de Goldsmiths College (2011) y residente en Gasworks (2014).
Víctor del Moral (1987) Artista textual y coreógrafo de la palabra. Su trabajo explora la identidad como una constante negociación entre lenguaje y paisaje. Ha sido beneficiario en dos ocasiones por el programa de Jóvenes Creadores FONCA; residente de La Fabrique des images en Aix, Provence, Francia (2014); y Premio artista emergente por la Cisneros Fontanal Foundation, CIFO (2018).
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[3] Las lecto-esculturas son esculturas que integran el acto de lectura/ escritura como parte fundamental de su estructura; esto se da a partir de mecanismos performáticos que usan la palabra (escrita o hablada) como vehículo que ofrece al espectador tener una relación física y tangible más allá del texto. Se desdibuja, así, la noción de lectura convencional y al mismo tiempo desplaza del pedestal aquella idea “fija” de escultura. La fusión de verbo y sustantivo reside en el mismo cuerpo de la palabra. Es un término que siempre está mutando, que se auto-edita y se mueve, por eso podría decirse que más que un término, es un iniciando; un término que no termina.
[5] Participación en Jornadas de poesía administrativa de Vicente Razo en Entre utopía y desencanto, curada por Sofía Olascoaga.
[6] La idea de un “escenario social” se relaciona a los ciclos de la cultura: después de haberte acostumbrado a un estado de las cosas. La asfixia de dicha situación estalla en un evento, parafraseando a Alain Badiou cuando narra el nacimiento de las revoluciones. En ese sentido, un “escenario social” es un proyecto de carácter temporal y espacial, que inicia con un momento teatral para crear las condiciones que permitan al público comprender lo que sucede, habituarse a la situación; y, por ende, que se creen ciertas reglas o lenguajes que posteriormente se rompen con el paso al performance, a un evento en que nada de lo anterior permite comprender sus lógicas, pero le dan sentido. Bajo este formato, el cuerpo del público y el del performer adquieren un peso significativo como volumen en el espacio.
[7] Como parte de las reanimaciones de Natasha, en cenas, bares y museos, en alguna ocasión terminamos festejando de madrugada en la casa de una de sus amistades, en una colonia estigmatizada socialmente. En otra ocasión, mi cuerpo no resistió el peso del suyo y se durmieron mis muñecas durante varios meses.
[8] “Los hombres de mi edad en la aplicación de citas se ven como entre adultos y jóvenes, empresarios y oficinistas, viajeros maduros, padres, sujetos conservadores, más bien establecidos que con ganas por el cambio. La filosofía marginal, la que nadie quiere en Cambridge ni en Oxford, hace pedacitos al verbo ser. Ni yo, ni soy. «Ah, un hombre de 36 años, con buenos signos vitales… Déjeme adivinar, viene por una enfermedad venérea…»” (8 de mayo, 2017).
“Después de la lectura performática en la librería, Lhlhlhlh me invitó a su casa. Lhlhlhlh y Lhlhlhlh también vinieron. Sí, Lhlhlhlh del mismo colegio donde estudié, quien vino a mostrar su trabajo al museo Lhlhlhlh. Sus dedos, actitud, comentarios y maquillaje (—————— —). En español, como en cualquier idioma, adivinas la proveniencia de la persona por su acento. Demasiada perfección a mi alrededor hacía que me quisiera ir.” (5 de abril, 2015).
[9] El mayor depredador
Un animal
El humano,
Ya ahora
El mayor consumidor
Un animal
El humano
Que mano tan humo
Tan poco clara
Y poco definida
Una mano que mata
Una mano que se estira para recibir
Manos charolas
Manos pistola
Manos ambiguas
Manos taradas
Sofisticadísimas
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